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...Porque tendido junto a un río, como nos aleccionaba Unamuno, dejándose adormecer por las aguas, se llega a algo que es como paladear la vida misma, la vida desnuda; se llega a gozar de las rítmicas palpitaciones de las entrañas, del incesante fluir del río, de la sangre en nuestras venas".
"Mientras descansa la inteligencia adormecida sentimos el nutrido concierto de las energías de nuestro organismo, y entonces es cuando se percibe algo de lo que podríamos llamar la música del cuerpo, con tanta razón como los pitagóricos llamaban música de las esferas al concierto de los astros. Sí, la contemplación del quieto fluír del río nos lava, en efecto, de la sucia costra de los cotidianos afanes, ya que el agua purifica al alma, al alma del hombre y a la naturaleza". El agua da vida al paisaje...
...Los buenos ríos de Galicia se nos ofrecen "todavía hoy", viciosos de salmónidos. Pero ¡ay! ¿por cuanto tiempo?. Desearíamos que esta aprensión se quedara en mera alarma.
Que los vertederos industriales queden relegados a un pretérito sin futuro y que al construirse las represas de nuestros saltos, se tenga la obligatoriedad de las escalas salmoneras, hoy no cumplidas en tantos casos, para que el "Príncipe del río" pueda ascender las cascadas, para verificar su ciclo reproductivo a la sombra de las ondulantes "cucas" verdes que, cabelleras en flor, se extienden como palio sobre las lisas piedras y la gruesa arena de los meandros. Asombre y emociona la tenacidad del salmón con sus poderosos saltos para tratar de vencer el obstáculo que el hombre pone a su fiel regreso del mar, impidiéndole el ascenso, tan anhelado, aguas arriba, y que un mínimo de atención y amor a la naturaleza puede obviar, multiplicándose así una riqueza tan importante como la de los quilovatios...
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