![]()
LA PESCA EN LOS MIL Y UN RÍOS DE GALICIA
Un libro de Miguel Piñeiro, editado por Ediciones Tutor en el 2002
Del libro destaco todo, desde los prólogos de Juan Delibes y Emilio Fernández, sus consideraciones sobre los ríos y la pesca, hasta el esfuerzo del autor por conocer y describir su paso por muchos ríos de Galicia: El Sar, Masma, Verdugo, Grande, Navia, Tambre, Sor, Ladra. Deva, Arnoia, Mandeo, Avia, Neira, Ulla, Tea, Eume, Grande Xubia, Eo, Xallas, Liñares, Lérez, Anllóns, Lengüelle, Sónora, Miñor, Umia, Lor, Rois, Landro, Mero, Ouro, Mera, Tines, Miño, Sil. Vilagudín y Coto de Ponte Maceira.
Todo un trabajo que destila amor a los ríos gallegos y que desde esta página tengo que agradecer y recomendar.
Trozos del libro:
Miguel Antonio Piñeiro es pescador y periodista. Nació en Catoira (Pontevedra) en el seno de una familia profundamente unida a Galicia y a los libros. Sus vivencias marcaron su carácter de curioso investigador, su energía y sus dotes de gran comunicador.
Ha colaborado con la TVG, Radio Euskadi, Onda Madrid y otros medios de comunicación, entre ellos algunos portugueses.
En la actualidad es Jefe del Departamento comercial y márketing de la citada compañía.
Entre 1992 y 1994 dirige y presenta el programa de la Radio Galega Pesca Fluvial siendo el enviado especial a diversos eventos del sector. Es colaborador de varios medios especializados en pesca, entre ellos de la revista Caza y Pesca.
|
Nace en la Serra de San Mamede (Rebordechao-Ourense), donde se encuentran los manantiales de Bouzasa, Busteiro y Canadas en Vilar de Barrio, a 1300 m. de altitud. Alcanza los 84,5 km. de longitud. Desemboca en el río Miño, en el encoro de Frieira y relativamente cerca del punto más nórdico de Portugal. Afluentes: Tioira, Maceda (con un tramo sin muerte), Ambía, Ellas, Ourille y Tuño. Especies: Trucha, anguila, boga y cacho. Cotos: Os Medos (con dos tramos uno sin muerte), Allariz y Celanova (con el Orille) Datos de interés: Festa do Pemento en Arnoia. ------------------------------------------------------
El libro trae cantidad de fotografías de ríos gallegos, así como dibujos. Asistimos a otro encuentro especializado en el municipio ourensano de Nogueira de Ramuin. En el programa figuraba una visita a los Balcones de Madrid y un paseo en Catamarán por los Cañones del Sil, actividades a todas luces atrayentes. El descanso, el relax y la tranquilidad estaban asegurados, ya que pernoctábamos en el impresionante Monasterio de San Estevo de Ribas de lSil, en Luíntra. Desde el 2001 en manos de Paradores.
El primer día me tocó en suerte un tramo al lado de un pequeño núcleo de casas rústicas en plena naturaleza. El lugar las tenía todas consigo. Aguas excepcionalmente limpias, corrientes hasta la parte superior y remansos hacia la inferior. Los nadantes en el agua eran abundantes y garantizaban el cobijo de las truchas. Los agentes que nos acompañaban no nos daban muchas esperanzas por el lugar que nos había tocado, pero nos indicaron que, de darse algo bien, podíamos conseguir una buena pescata. Los cuatro participantes de este tramo nos dividimos, uno hacia arriba, dos hacia abajo y yo opté por el intermedio. Me acerqué a la orille y realicé los primeros lances con una cucharilla del 1 verdinegra en unas corrientes con apenas una cuarta de agua. No tenía mucha fe en el intento, ya que la zona estaba al descubierto y a escasos metros de una carretera. En esos lances sentí un pequeño tirón que achaqué al roce de la cucharilla con el fondo, pero, en uno que situé preciso en la corriente entre dos piedras, entró la trucha. A pesar del poco caudal, no la avistaba con claridad por efecto del agua ¡pero cómo peleaba!. Derivo unos diez metros abajo buscando profundidad, pero estaba bien clavada. Peleaba con bravura, con nobleza, con fuerza, y presentí que se trataba de un buen ejemplar. Aún no me habían perdido de vista los otros tres y, ante la llamada de los agentes se acercaron. No era para menos, ya que el ejemplar pesó 1 kilo y 50 gramos. Era una hermosa fario autóctona. Ello nos animó y corrimos a por otras capturas. Pero aquello había sido una mera ilusión.
El libro trae cantidad de fotografías de ríos gallegos, así como dibujos. Al rato los guardias seguían conmigo y conversando reconocieron que la captura conseguida les había llamado la atención, ya que el río tenía truchas, pero mucho más pequeñas, y que esa zona no se había repoblado para el concurso. Empezaba a calentar el sol y fue subiendo. LLegué a una zona de rápidos en los que casí era impsible manejar la cucharilla. Las grandes piedras y la abundante vegetación que sobresalían del agua dificultaban aún más los lances. El lugar se prestaba, sin duda, para disfrutar de la pesca, pero las truchas se resistian y además estaba pateado por otros. Más arriba, casi en el límite del coto, en una de esas tentadoras corrientes, clavé otra autóctona muy ajustada de tamaño. Los postreros lances no aportaron nada novedoso. Bajé en busca de las aguas más tranquilas y de compañía. Llegué a una zona muy sombreada por los árboles y encontré a Saavedra y a Aurelio. Estaban absortos en un pozo mediano donde se veían varios ejejemplares. Habían tenido alguna que otra picada, pero muy sutiles y finas. Las truchas estaban a fondo, a uno o dos metros de profundidad y, por veces, seguían la cucharilla, pero sin demasiado interés. Saavedra clavó un buen ejemplar que, dando un salto fuera del agua, se soltó. Llegó a mediodía y probé con mosca ahogada sin resultados positivos. Poco despues vinieron a buscarnos. Llegamos al control y abundabna las capturas y cupos de truchas repobladas. La sorpresa, excepcionalmente, la dio Checa con su cupo. Todas ellas autóctonas y de medida. Pablo, que lideraba la clasificación en esa manga, se explayó en contarme su disfrute, pero yo ya estaba pensando que ese tramo me tocaba a mí al día siguiente. Por la noche, un grupo de amigos nos dejamos cautivar por las voces y el talento musical de Montse y Luis Queimada. recuerdo la emoción de Ernesto al oír la canaria Isa del timplillo a tanta distancia de su tierra. Despues de la cena, unos cuantos "golfillos" improvisamos una rondalla con serenata nocturna en el hotel. A los más amigos los sacamos de la cama a las cuatro de la mañana ante la satisfación y complicidad del propietario del establecimiento y de alguna autoridad que nos acompñaba en la ronda. El segundo día compartí tramo con otros dos entrañables amigos, Emilio y Joaquín. Ellos con su cola de rata en la modalidad sin muerte.
Durante muchos años seguí las evoluciones profesionales de Emilio y Joaquin, a quienes considero maestros del periodismo especializado. No me imaginaba que, con los años, llegaría a pescar con ellos y me honrarian con su amistad. En una de las orillas había una caseta y una zona hormigonada, a modo de malecón, que facilitaba los lances, aunque restaba belleza al entorno. Una presa cruzaba el río. De allí para abajo corrientes, donde Pablo había conseguido el cupo, y hacia arriba agua semi-paradas. Empecé a lanzar hacia la presa y clavé las dos únicas que había dejado Pablo. A pocos metros estaba un muchacho de unos catorce años que había conseguido permiso para ese día. Joaquín y Emilio estaban lanzando, turnándose cómodamente, desde el espigón aguas arriba de la presa; se les veía disfrutar del ejercicio. Me extrañó que no bajasen a las corrientes, ya que el sol magnífico y el calor reinante hacían más idóneo el lugar. Cuando dejaron de picar opté por subir y, a pie de presa, me dí cuenta de su acertada elección. En las aguas más paradas cebaban abundantemente y ellos tenían más facilidades para manejar sus aparejos. Aún no me habían visto, y desde abajo realicé un lance largo, cayendo la cucharilla a un metro de su señuelo. Emilio lanzó un "¡pero que haces, chaval!, girándose ostensiblementemente hacia el lugar de donde habia partido el lance. Cuando me divisaron, soltaron algún que otro improperio cómplce al comprobar que había sido yo el autor de "tamaña grosería". Cruce el río por la presa, despacio, hasta alcanzarlos. Ellos habían clavado varios ejemplares, varios de la medida y los habian devuelto al agua. Me acosté en la hierba a descansar, a pocos metros detrás de ellos, y observé con atención sus evoluciones. Poco despues, ya descansado, tenté de nuevo una zona más abajo, pero fracase´en mis intentos de conseguir truchas de la medida. Clavé varios juveniles alternado mosca y cucharilla del 1, ya que la del 2 no haía tenido ni picada. El salmantino había acabado con ellas el día anterior. Ya camino del mediodía, volví junto a Joaquin y Emilio. Seguían lanzando con devoción. Da gusto ver el manejo de la cola de rata, y en esta modalidad de pesca estos dos amigos son todo un espectáculo. Poco despues aparecieron nuestras señoras y Marcelo con la suya, traían el avituallamiento: jamón, queso, empanada y albariño, habilitanto un picnic, en aquel pequeño prado. Huelga indicar que en el río no quedó nadie. Mi admiración por el arte y la técnica de la cola de rata se vió reconfortada, años después, cuando vi otra vez a Emilio y Joaquín. En el río Tea, en Mondariz- Balneario, compartieron experiencia de nuevo. Era un día de tormenta. Joaquin se la jugaba abiertamente contra la fuerte corriente, con el agua a la cintura. A decir verdad, era todo un riesgo. Conservo la cinta de video de ese momento. A su vera, más hacia la orilla, Emilio. Y es que, ya se sabe, la cola de rata es vistosa hasta cuando no pesca.
|
|
Nace en Fonte Avia en la Serra do Suído (Avión-Ourense) a casi 900 m. de altitud. Represa en el encoro de Albarellos (1972). Alcanza los 36,7 km. de longitud. Desemboca en el río Miño, a la altura de Ribadavia. Afluentes: Couso, Doade, Beariz, Magros, Viñao, Lovagueira, Lodeiros, Valdeiras y Arenteiro (Con el Marañao, Pedriña y Oseira). Especies: Trucha, anguila, boga, cacho y reñosa. Cotos: Ribadavia en el Avia, Boboras (en el Viñao) y dos en Carballiño (uno sin muerte en el Arenteiro -4,2 km sometidos al régimen de coto de pesca intensivo y otro en el Arenteiro - Marañao). Datos de interés: Festa do Viño do Ribeiro, Festa da Estoria y casco medieval en Ribadavia. En Cea la ruta de los Fornos de Pan restaurados. ----------------------------------
El libro trae cantidad de fotografías de ríos gallegos, así como dibujos. El inicio de temporada 2001 fue muy bueno. El río, crecido y turbio propició la utilización del cebo natural y la afluencia masiva de pescadores. Se despachaon muchos más cotos que otros años. Rosendo Lezón, en abril, clavó -a miñoca- un espectacular truchón macho de 5 kg. y 95 cms. El lugar de la captura está situado en la zona libre colindante con el límite inferior del Coto de Ribadavia, metros arriba del puente de la N-120. De esta captura -por tratarse de un ejemplar autóctono- se hicieron eco varios medios especializados a nivel nacional. Ya en julio se capturaron varios ejemplares de 2 kg y alguno de 3 kg. La efectividad de la mosca en verano no fue la esperada. Debemos atribuir este fracaso a la excesiva presión de pesca que soportó este año el coto y el río en general. En 1997 asistimos a un Encuentro Periodístico en las tranquilas y modernas instalaciones del Balneario de Arnoia, en la Provincia Ourensana. El consabido sorteo nos emparejó a un grupo de buenos amigos. Andrade, Tragacete, Fraile y la voluntariosa Paloma. Éramos conocedores de la oportuna y masiva repoblación del río.
El libro trae cantidad de fotografías de ríos gallegos, así como dibujos. Nuestro grupo fue el primero en llegar al coto de Ribadavia, mientras los otros grupos se dirigian a los diversos tramos. Andrade se entretuvo unos minutos en adecuar su equipo y el de Paloma. Tragacete y Fraile me acompañaron. Como siempre que coindimos, les facilité cucharillas, además de cerciorarme del funcionamiento del seguro de los carretes, ya que sabíamos que algunas truchas eran de buen tamaño. Nada más llegar a la orilla vimos las marcas del coche que el día anterior había soltado las truchas y, mirando al agua, ya señalamos un bando de ellas a unos diez metros de la orilla. Un sol radiante, la ausencia de viento y las aguas semi-lentas y cristalinas facilitaban la visibilidad de los ejemplares. Entre gestos de admiración de Ismael, procedimos a los primeros lances. En los cinco primeros clavé otras tantas truchas, todas repobladas. La pelea de éstas espantó un tanto a las otras, pero ya casi tenía media cupo. En esto llegaron Paloma y Andrade. Mi cesto estaba un par de metros detrás de mí y en él perdieron otros preciosos minutos. El río en este tramo es muy ancho y con cierta profundidad, que impide pescarlo desde dentro, pero consideramos que no era necesario. Con los primeros lances, Andrade certificó la abundancia de truchas. Además, aun siendo Presidente de la Federación Española de Caza -de aqul momento- no debem,os olvidar que es de Carballo y excelenete pescador. Manolo y yo andábamos por las 8 truchas en la primera media hora. Viendo que Paloma todavía no había mojado, decidí ayudarla para que participara del festín. Ella estaba pescando con una caña que nos habian regalado años atrás en una reunión y era más apropiada para pescar fanecas en una batea que para un cauce fluvial. Además ni el carrete ni el sedal eran los más adecuados. Le invité a lanzar con mi equipo a lanzar con mi equipo, algo más sofisticado que el suyo. El primer lance se lo hice yo y, al contacto de la cucharilla con el agua, le pasé la caña. Cuando ella estaba haciendo observaciones sobre la calidad y suavidad de la recogida, entró la primera. No pudo ocultar cierto nerviosismo, lo que provocó que la trucha se soltase a pocos metros de la orilla. Siguió lanzando y clavó varios ejemplares en pocos minutos. Tenía ya cinco o seis piezas cuando volvió a utilizar su equipo y me invitó a que siguiera yo con el mio...
|